Friday Night Lights, ¿amarla u odiarla?

Sé que llego tarde. Que hace mucho tiempo que acabó y que hay otras cosas de las que hablar. Pero yo, fan hasta la médula de Anatomía de Grey, Gossip Girl y True Blood, me he sorprendido llorando tras el final de Friday Night Lights igual que lo hice con las otras tres. Viendo ese ñoño perfil seriéfilo, aparte de otros cuantos dignos de la mejor crítica hollywoodiense, entenderéis por qué escribo lo que leeréis a continuación.

Acepto que fui la primera en reaccionar de manera positiva al primer capítulo de FNL. Para los que no la hayáis visto espero que al final de este post os influya positivamente para verla. También acepto las críticas de los verdaderos fans que influyeron en la decisión que tomé hace meses de mudarme a Dillon, Texas, para vivir esta aventura junto a los Taylor, Tim Riggins, Jason Street, Layla Garrity y Matt Saracen. Ahora que ya no están (televisivamente hablando), y mirándolo con perspectiva, puedo decir que han dejado un vacío, como solo esos personajes increíbles son capaces de dejar.

A priori choca demasiado meterte de lleno en una serie que te han descrito como: “un equipo de fútbol de instituto que lucha por llegar al campeonato estatal”. Hacedme caso, al final esa será la descripción que olvidéis.

Porque no es solo un equipo de fútbol de instituto. Son unos valores, esos que solo reconoces cuando has derramado sangre, sudor y lágrimas junto a otras/os compañeros luchando por un reto.

Porque sabes que nunca te fallarán, ni siquiera en los malos momentos, en los felices para unos y tristes para otros. Siempre será tu equipo, esas almas que caminarán junto a ti para hacerte mejor persona, mejor jugador y con las que te enfrentarás a la vida de otra manera, desde la perspectiva del deporte, una de las mejores desde las que se ha de afrontar el reto de crecer.

Porque con ellos también compartirás el dolor de una lesión. Serán los primeros en colmarte de regalos, de llamadas y de visitas para hacerte sentir parte del equipo, del que nunca te irás.

Porque con ellos también compartirás tu primer amor. La chica o el chico que te espere al final de cada entrenamiento, esa persona que te removerá las entrañas hasta dejarte el corazón sin aliento, incluso, después del entreno más duro de toda tu vida, tendrás ganas de que el o ella estén en la puerta con una sonrisa.

Porque cometerás los peores errores de adolescente. Pero serán los primeros y los últimos, porque con ellos aprenderás a no repetirlos, a saber que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Incluso tres. Pero ellos estarán ahí para recordarte que eres humano y que con su ayuda no los volverás a cometer. O sí, que para eso eres joven y se te permite.

Porque te darás cuenta del verdadero significado del matrimonio. Tus padres serán los primeros en hacerte ver lo difícil que es llevarlo día a día.

Y nadie como ellos, los protagonistas de Friday Night Lights para enseñarte a vivirlo desde la perspectiva de un pequeño pueblo texano que vive por y para el fútbol del instituto de Dillon y que, durante cinco temporadas, te hará disfrutar de cada uno de sus dramas. Porque son muchos.

Empezando por el principio. Puedo prometer y prometo que el tema principal de la serie querrás tenerlo en tu móvil de politóno. Y sino, escucha.

– Odiarás a Jason Street por lesionarse en los primeros 40 minutos de la serie. Pero querrás tener su fuerza, entrega y predisposición por seguir adelante, por no rendirse frente a la adversidad. Y eso solo te lo da el deporte.

– Odiarás a Layla Garrity por ser la típica pija-capitana de animadoras-novia del quarterback-triunfadora del instituto. Pero querrás saber reinventarte como ella y, por qué no decirlo, tener su cuerpazo. Y la envidia te corroerá cuando se lleve a la cama al capitán y al más sexy de todos los que hayan pasado por Dillon: Tim Riggins. Ese ser humano capaz de lo mejor y lo peor, que vive en una constante montaña rusa de problemas sin solución al que el fúbtol le ha sacado de más de un problema. Y te darás cuenta de que todos tus problemas no son nada comparados con los que se exponen en FNL.

– Porque nadie tiene un padre que se ha ido a la Guerra de Irak, como Matt Saracen. Otro que, a fuerza de trabajo duro, consiguió su sueño de ser el quarterback titular. Y cuando sepas lo que es eso, fliparás animando a los Panthers de Dillon para que hagan un “touchdown”. ¡¡¡Qué coño!!! Aprenderás lo que es un “touchdown”, un “running-back”, un “full-back” y por qué son necesarios tantos jugadores, gordos y delgados, para un partido de NFL.

– Querrás a Eric Taylor, el “coach”, como marido-novio-amante-padre-suegro-preparador personal-y-psicólogo. Todo eso es el alma de la serie, junto a Tami Taylor, su mujer, serán el epicentro del guión, perfectamente marcado para un matrimonio normal, sin ninguna americanada, que afronta sus problemas discutiendo, hablando, en silencio, llorando y razonando. Y su hija Julie… No sabría cómo definir a su hija Julie. Pondré una foto mejor.

Y aún viéndola, no sabrás si amarla a ella o a su madre, Tami Taylor, la orientadora-directora-orientadora de instituto que sabrá cuándo ser una madre y cuándo, en la mayoría de las ocasiones, ser una amiga, la mejor, para su hija. Y la que al final, como todo en la vida, será la mujer que cambie el rumbo de un hombre que siempre tuvo por máxima:

                                                                                   «CLEAR EYES FULL HEARTS CAN’T LOSE»

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